Quizá el cine alemán llevaba demasiado tiempo esperando una voz tan visceral como la del primer Fatih Akin. Si creímos ver en Chiko (2008) una energía similar, con el segundo largometraje de Özgür Yildirim podemos al menos asegurar que el turco-alemán está dispuesto a llegar hasta el final en su empeño por traer el perfume de la calle a la pantalla.
Thriller sin costuras, directo y urgente, con el espesor de la acción y del drama confabulados, Solo Dios puede juzgarme desciende hasta el estrato más criminal de la sociedad sin horizontes para contarnos la desesperada historia de dos hermanos, Ricky (Moritz Bleibtru) y Rafael (Edin Hasanovic), que operan al margen de la ley. El debutante que ha esperado diez años para su reválida dota al drama —que también ha escrito— de una densidad atmosférica y tensión visual que, ya de por sí, representan un gran gesto en el errático estado de la producción de género europea.
No es este un film de laboratorio, sino una visión propia del cine negro, en la que el hampa y las fuerzas del orden –representadas por la mujer policía Diana (Birgirt Minichmayr)– deben transitar por los mismos códigos morales y acaso quebrantar las mismas leyes, para que al final solo Dios (o el espectador) pueda juzgarlos.
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